Como la mayoría a los que nos gusta el apasionante deporte de los puños sabemos, el pasado 03 de Junio falleció el más grande exponente que este deporte ha tenido y que por siempre será recordado así, como el mejor.

Para muchos falleció sólo un boxeador más, para muchos un líder de opinión, para muchos falleció sólo uno de los más bravucones de la historia del boxeo, pero para otros falleció toda una leyenda. ¿Quién podría siquiera pensar que tiene oportunidad de tomar su lugar en la historia?…

Dichoso tú, si lo viste todavía en los enconrdados peleando por demostrar que era el mejor. Dichoso tú, si lo viste todavía mostrando los puños en alto frente a su derribado rival. Dichoso tú, si lo viste regalarnos ese polémico «puño fantasma» contra Sonny Liston, pero sobre todo si viviste toda la adrenalina de sus mejores peleas. Ya me imagino esa emoción incomparable que sólo un grande del boxeo nos puede regalar.

Polémico de principio a fin, alguien a quien era casi imposible fotografiar con la boca cerrada, un noble bravucón que creía en Dios de una manera que contagiaba y que se negó a sentirse un exclavo más, lo que lo llevó a dejar el nombre con el que nació. Alguien que fue incluso tan irreverente que se atrevió a oponerse a los mandatos de su gobierno y a preguntarse públicamente por qué habría de ir a una guerra (Vietnam) a matar a gente que nada le había hecho… Ellos no eran, después de todo, los que lo llamaban negro para lastimarlo. Simplemente un valiente, no sólo dentro de los encordados.

Quisiera decir que uno de los mejores momentos fuera del cuadrilátero fue para mí cuando un niño le preguntó «¿qué tenía pensado hacer cuando se retirara del boxeo?» (que te dejo a continuación).

Pero debo decir, que para mí el momento, el más grande, aquel que me hizo erizar la piel, fue cuando reapareció para encender el pebetero de Los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, donde ya se le observa mermado por el mal de Parkinson; aquel momento en que la gente se le entregó sin tener que responderle con palabras, aquel en que sólo fue necesario mostrarnos aquel semblante serio lleno de la fortaleza humana que nunca perdió. Ahora me siento agradecido porque aunque decidió lanzar aquella medalla olimpica a un río, nunca lanzó los recuerdos que lo unían a lo que lo vió nacer como un grande, lo que nos dió la oportunidad de verlo nuevamente ante las multitudes en aquellos juegos.

¡QUÉ GRANDE FUISTE ALI!

D.E.P.

Mohamed Ali / Cassius Marcellus Clay, Jr